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Conservemos lo nuestro

La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), la Reserva de la Biosfera Montes Azules, la Reserva de la Biosfera Lacantún, el Área de Protección de Flora y Fauna Chankin y Monumento Natural Yaxchilán y Bonampak, convocaron a participar en el 2° Concurso Estatal “Cuéntame un cuento de la Selva Lacandona”. Conoce a los ganadores.

 

El concurso se dividió en tres categorías: Mini, niños de 6 a 8 años; Infantil, niños de 9 a 12 años y Juvenil, jóvenes de 13 a 16 años.

 

Los ganadores son:

 

Categoría Mini (niños de 6 a 8 años)

 

  • Primer lugar: Mi sueno de ser Quetzal
  • Segundo lugar: Tepezcuintle, El Mono y La Guacamaya
  • Tercer lugar: El Niño Guardian de la Selva Lacandona

Categoría Infantil (niños de 9 a 12 años)

  • Primer lugar: La Ceiba Arrecha
  • Segundo lugar: Zor y Los Invencibles
  • Tercer lugar: El Rey de la Selva

Categoría Juevenil (jóvenes de 13 a 16 años)

  • Primer lugar: La Hoja de Oro
  • Segundo lugar: La Historia de la Selva Lacandona
  • Tercer lugar: La FlorUnica

En éste mes el cuento a leer es el primer lugar de la categoría mini.

 


 

Mi sueño de ser quetzal…

 

Había una vez una pequeña niña lacandona, que vivía en la selva chiapaneca. Los lacandones amaban y honraban al quetzal, y la niña que se llamaba Kin, soñaba con ser un ave y volar sobre las copas de los árboles.


Un día se enteró que al curandero del pueblo también le encantaban esos pájaros, así que fue a hablar con él y le pidió con todo su corazón ser una de esas hermosas aves.

 

El curandero dijo que le trajera una pluma, un huevo y las frutas o animales que come el quetzal. Así que Kin se internó en la oscuridad de la selva a buscar esos “tesoros”.

 

Tenía que buscar los huevos en un tronco viejo y seco, ya que ese es el lugar donde hacen su nido los quetzales, así que se dirigió a una rama que estaba tirada hacía ya muchos años al lado del río Lacanjá. Allí se encontró a un pequeño mono araña, el cual la ayudó metiendo su pequeña mano en el tronco para sacar el huevo. La niña le agradeció dándole frutas y un gran
abrazo.


La pequeña, dentro de su antigua sabiduría maya sabía que los quetzales comen ranas y caracoles, así que caminando, caminando llegó a la laguna Najá, donde se encontró con un gran jaguar que le dijo: -niñita, no corras, soy un buen jaguar, ¿qué estas buscando?-. la niña dijo: -yo busco ranas, caracoles y lagartijas, ya que quiero ser un quetzal y el brujo de mi selva, dijo que necesito llevar algo de lo que comen esos pájaros, para poder convertirme en uno de ellos-.


Sin embargo la niña mencionó también que estaba algo triste, porque no le gustaba matar a ningún animal. El jaguar respondió a Kin: -no es necesario matar a nadie, ya que los quetzales  también comen frutos, aquí cerca hay una planta y te aseguro que esas pequeñas bolitas rojas les encantan, ya que los he visto comiendo muy felices-.


Así que Kin acompañada del jaguar cortó las frutas y las metió en su pequeña jícara, llena de semillas, de las cuales se alimentaba en el viaje.


Agradeció a su amigo jaguar y compartió con él un pedazo de luna llena, luego le dijo adiós.

A la siguiente mañana Kin se levantó llena de ilusiones, ya que solo le faltaba una pluma para poder transformarse. Ella encontró de repente un camino muy chiquito y lo siguió, ahí halló una vieja Ceiba que contaba historias a los animales y plantas de la selva. Kin la saludo: -buenos días madre Ceiba-.


–Buenos días- respondió el árbol, -¿qué te trae por aquí?- preguntó. La niña respondió: -yo estoy buscando plumas de quetzal, ¿ha visto usted alguna por aquí?-. –Ah-, dijo la Ceiba, -no solo he visto, sino que tengo una guardada en mi rama de los tesoros!-


La niña se puso inmensamente feliz y le dijo al árbol qué le podía dar a cambio de la pluma. La Ceiba le dijo a Kin, que lo único que quería era escuchar un cuento, así que la niña le narró la historia de su pueblo. La Ceiba, al escucharla, lloró y le prometió a Kin, que desde ese día los cuidaría, y con todo su amor, le dio la pluma.


Llena de amor y de luz, Kin regresó su caminó y fue a ver al curandero, cuando lo encontró le dijo: -gracias por todo señor, aquí le traigo lo que pidió-.


La niña le entregó los tres ingredientes y el viejo lacandón hizo un tónico. Kin, con el corazón lleno de alegría lo bebió y se convirtió en un quetzal, cola larga de plumas brillantes.


Y desde entonces los quetzales y las ceibas cuidan a los lacandones.

Fin


Nombre de la participante: Sophie Alfonzo Urbina
Edad: 8 años
Categoría: mini
Ciudad: San Cristóbal de Las Casas, Chiapas
Calle Pipila 12-1
Fracc. La raza
CP 29264
Tel casa: (967)6785532
Teléfono celular de mamá: 9671214471
Escuela: Liceo Interamericano Everest.
Grado: 3o. Primaria.

 

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